miércoles, 11 de agosto de 2010

Español correcto - Boletín -

*JAIRO CALA OTERO
Periodista - Conferenciante

Redactor y corrector de textos
Celular: 313 248 2049
Bucaramanga - Santander*
“La pobreza es una ramera sin escrúpulos que se desnuda y se amanceba con los más débiles, para brindarles complacencia a los ricos”. (Jairo Cala Otero - 07 de agosto de 2010).

* Sí, señora Presidenta. A toda mujer, todo honor también.

* Unos atracadores que antes de ser atrapados estaban "inmersos" en varios delitos.
* Cuando el futuro está tan cerca lo vuelven un presente.
* Un accidente en una clínica que apenas dejó cuatro personas heridas.
* Una fábrica que produce "abono mensual".
Español correcto

Sí, señora Presidenta
Por Jairo Cala Otero / Conferenciante – Cultor del español correcto


Son ya varios los lectores de mis artículos que me han preguntado: ¿Cómo se dice: presidente o presidenta? Podríamos contestar que ambos términos son correctos. Pero si la respondemos siguiendo literalmente su enfoque hay que decir que para referirse a hombre se emplea ‘presidente’, y para aludir a mujer, ‘presidenta’. Y que también se usa ‘presidente’ para designar a mujer, pero con el artículo en femenino: la (La presidente).


El asunto toma otro rumbo si cotejamos la inquietud de aquellas personas con un escrito que circula por internet. Su autor, al parecer, es un mexicano que dice ser licenciado en literatura y español. Según afirma, el vocablo “presidenta” es incorrecto. Y para censurarlo -hasta pide no usarlo dizque ¡para no ser incultos!- hace un análisis traído de los cabellos, que ni vale la pena citarlo, porque eso significaría hacerle el juego a su tesis, con la cual desorienta a las personas ávidas se saber cómo se aplica el femenino de “presidente”.


No parece haberle servido de mucho tanto "estudio" al crítico. Escribe, además, con soberbia; su estilo es impositivo y maltrata a los demás llamándolos ignorantes. ¿Será él una eminencia exenta de errores? ¿Será infalible como Dios? El tal "licenciado", por lo demás, se introduce en argumentaciones carentes de sustento lingüístico al hacer comparaciones con locuciones que nada tienen qué ver con el uso de género en asuntos idiomáticos. Para contradecir a quienes usan el término “presidenta”, refiriéndose a mujeres que ostentan tal cargo, el “manito” hace una analogía al poner como ejemplos que, entonces, deberá también decirse y escribirse: “besitas”, como femenino de besitos; “saludas”, como femenino de saludos; y que no se debe decir licenciado en castellano, sino en “castellana”; ni licenciado en literatura, sino en “literaturo”, en una alusión egocéntrica a su título académico. ¡Una fanfarronería con rustiquez incluida!


Y, luego, remata advirtiendo que un mal ejemplo sería decir: “La pacienta era una estudianta adolescenta sufrienta, representanta e integranta independienta de las cantantas y también atacanta, y la velaron en la capilla ardienta ahí existenta”.


Comparar la aplicación de femeninos en sustantivos que lo admiten, con los que no los tienen, es una ocurrencia insulsa. Desconoce el “licenciado”, por lo que se nota, la existencia de los vocablos ambivalentes, es decir, que admiten tanto género masculino como género femenino: paciente, estudiante, adolescente, sufriente, integrante, ardiente, que él ingenuamente cita en su ridículo ejemplo. Enseguida dice: “Qué mal suena ahora presidenta, ¿no?”. Como si el asunto fuese sólo de sonido, no de precepto idiomático. ¡Vaya ocurrencia más absurda!


Se infiere de semejante “tesis” que el señor de sombrero de ala ancha ignora la normativa lingüística existente en español. Y borra de un plumazo (¿O de un balazo revuelto con tequila?) lo que preceptúa la Real Academia Española -RAE- en su diccionario panhispánico de dudas, sobre esta materia que nos ocupa. Veamos:


"Presidente. ‘Persona que preside algo’ y, en una república, ‘jefe del Estado’. Por su terminación, puede funcionar como común en cuanto al género (el/la presidente): «La designación de la presidente interina logró aplacar la tensión» (Clarín [Argrentina]). Pero el uso mayoritario ha consolidado el femenino específico presidenta: «Tatiana, la presidenta del Comité, no le dejaba el menor espacio» (Álvarez Gil - Naufragios [Cuba - 2002])”.


Las lenguas son cambiantes, mutan de manera constante. Se forman por el arraigo que las palabras tienen entre los hablantes. Lo que hace la RAE no es inventar vocablos sino aceptarlos e incorporarlos a las nuevas ediciones del diccionario, a medida que esas palabras cobran fuerza por su uso; o porque tengan asidero lingüístico.


Luego queda claro que los dos vocablos pueden usarse sin temor alguno: presidente o presidenta. Es asunto de estilo. Pero no es cierta la “cátedra” soberbia de aquel mexicano.


Así que sigamos escribiendo y diciendo, sin ningún complejo de culpa, por ejemplo: “La presidenta de la ‘Asociación de deslenguados’ se opuso hoy a que la llamen como si fuese un hombre”.




Un mundo de palabras a su servicio




Si un documento va a redactar
y con dificultades tropieza
no se afane al intentar,
yo le sirvo con presteza.


Hace mucho que yo trato
los asuntos del idioma,
las palabras, cual retrato,
a mi mente pronto asoman.


Es fácil que yo le sirva
en esa tarea tan dura,
sólo ponga usted la firma
donde pongo mi escritura.


Cartas, discursos, informes
y otros muy parecidos,
yo le redacto conforme
a sus muchos cometidos.
Sólo un favor le pido:
no me pregunte si cobro,
para no echarlo al olvido
reconozca usted mi logro.


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Madriguera idiomática



Por Jairo Cala Otero / Redactor y corrector de textos
1. “…que fue los que votaron por mí”: Expresión de un “padre de la patria” al referirse a sus seguidores. Si legisla como habla, ¡pobre de nuestro país! Aquí se ofrece un caso del famoso “que” galicado, que en español es un esperpento. Aquel político debió decir: “…que fueron mis electores”; o “…son quienes votaron por mí”.
2. “…además del doble crimen de los esposos Zambrano Ortega, los capturados estarían inmersos en un sinnúmero de millonarios atracos…”: Estar inmerso es hallarse sumergido, ensimismado en algo o con algo. Por esa razón el redactor de esta oración gramatical falló. Los criminales de los esposos Zambrano no estaban sumergidos sino incursos, que es bien distinto. Incursos en varios atracos, es decir, se habían involucrado en ese delito.
3. “En 15 días se cumplen cinco años de haber entrado en vigencia el proceso de ‘Justicia y Paz’ y los resultados tienen satisfechas a personas como el vicefiscal”: El uso de los verbos debe responder a los tiempos y modos. Se olvida, con frecuencia, su correcta conjugación. Por tal razón, oraciones como la que aquí se cita quedan mal construidas. Específicamente el verbo “cumplir” no se ajusta al tiempo de la acción. Si se hablaba de un futuro (15 días) no debió emplearse el verbo en presente, sino en futuro. Además, en vez de la preposición “en” con que se empieza la expresión debió usarse el adverbio “dentro”, que es el preciso. Corrijamos: “Dentro de quince días se cumplirán cinco años de haber entrado en vigencia…”.
4. “Una emergencia se presentó en la clínica XX que desafortunadamente sólo dejó cuatro personas lesionadas”: A raíz de un incendio en los dos últimos pisos de una clínica de Cali, la presentadora de un noticiario de televisión terminó con esta “belleza” la respectiva información. Vamos por partes: primero, las emergencias no se presentan: suceden, acontecen, acaecen, se registran. Se presenta aquello que proviene externamente, no lo que sucede en un lugar (In situ). Segundo, después del nombre de la clínica (omitido a voluntad del autor de este boletín) debió ponerse coma (,). Tercero, el giro “que desafortunadamente sólo dejó…” genera mala espina. Indica que se esperaba que hubiesen más lesionados. Aunque, en apariencia, el vocablo “desafortunadamente” trataba de salvar la situación, el adverbio “sólo” le añade aquél defecto. Ese lenguaje ampuloso se corrige siendo directo: “…una emergencia ocurrió en la clínica XX, que dejó cuatro personas lesionadas”; o “Una emergencia, que dejó cuatro personas lesionadas, sucedió en la clínica XX”.
5. “Se producían mil toneladas de abono mensual”: He averiguado con técnicos agropecuarios y nadie me da razón del “abono mensual”. ¡Sé que nadie me dará razón nunca! Porque lo que ocurrió aquí fue que el periodista que así se expresó, en un canal nacional de televisión, cayó en un error de sintaxis. Por falta de orden en las palabras le quedó sin “abonar” la oración. Debió decir: “Se producían mil toneladas mensuales de abono”; o “Se producían mil toneladas de abono por mes”.
6. “…cayó una tormenta en la planta de abono”: El mismo periodista usó esta expresión al comienzo de su noticia. Pero terminó diciendo que la causante de un percance, en una planta productora de abono, en Barrancabermeja, había sido la lluvia. ¿Al fin qué, lluvia o tormenta? Las dos no son lo mismo. La tormenta va acompañada de lluvia o granizo, fuertes vientos y descargas eléctricas; pero no todas las lluvias van acompañadas de tormentas.


7. “En el barrio Girardot y hacia las seis y treinta de la tarde de ayer, se presentaron desórdenes durante la velación…”: La conjunción copulativa ye (y) no tiene función aquí, sobra. Y para añadir, otra vez el mal empleo del verbo “presentar”. Corrijamos: “En el barrio Girardot, hacia las seis y treinta de la tarde de ayer, ocurrieron desórdenes durante la velación…”.
8. “Vamos a ver hoy qué solución nos va a dar en este día”: Una repetición innecesaria, que daña por completo la construcción gramatical. Porque si se dice “hoy” no es necesario insistir más adelante con el giro “en este día”, porque éste equivale a “hoy”. Corrección: “Vamos a ver qué solución nos va a dar hoy”.
9. “Asociación de alivio al cáncer”: Rara, muy rara, esta organización. Porque no es la enfermedad la que necesita alivio sino quien la padece. Y un paciente tal se llama canceroso. Pero esta sociedad, que muchas veces asume posturas mojigatas, prefiere sacarle el cuerpo a estas denominaciones porque se avergüenza de ellas. Entonces acude a eufemismos. “Asociación de alivio al canceroso”; o “Asociación para el tratamiento del cáncer”, son más precisas. No encarnan falsías.


10. “Tipografía y litografía XX. Diseño de targeteria”: Cautela hay que tenerse antes de ordenar algún trabajo litográfico en una empresa que, de forma tan estropeada, promociona sus servicios. Yo me abstendría, con absoluta seguridad. Porque tarjetería se escribe con jota (j) y con acento ortográfico sobre la “i” por ser palabra aguda.


11. “…cuando debía ser encargado a un funcionario superior”: La preposición “a” se usa mal, regularmente. En unos casos se omite; en otros, se incluye donde no tiene función. Como sucedió en esta oración. Corrijamos: “Cuando debía ser encargado un funcionario superior; o “Cuando debía encargarse a un funcionario superior”.


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No se dice: Porfis, porfa
Se dice: Por favor.